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El NO de poco uso

El NO de poco uso

Para pensar, el NO que hoy día cuesta tanto decir.

Escribió H. Finkelstein (Escritor Argentino contemporáneo), “NO es no y hay una sola manera de decirlo. No. Sin admiración, ni interrogantes ni puntos suspensivos. No, se dice de una sola manera. Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto. No. Se dice una sola vez, no”.

Esta cita es parte de un escrito del autor, su enfoque gira en poder, saber y lograr decir NO. En la parte final, al autor manifiesta “Ese no, no es una negación del pasado, es una corrección al futuro. Y sólo quien sabe decir No puede decir Sí”.

Qué bien entonces viene este concepto para casualmente aplicarlo en nuestra sociedad. Pero el enfoque que se le pretende dar en la presente nota pasa exclusivamente en el No como parte de la disciplina, más allá de las diferentes aplicaciones desde lo personal y sus formas. La gran parte del problema en nuestra sociedad está casualmente en ese NO que muchas veces debería aplicarse y que por diferentes motivos no se aplica.

Esto trae aparejado una serie de consecuencias que sin darnos cuenta se va haciendo parte de la costumbre social, pero tiene la base en la familia. Es que casualmente la familia en la base de la sociedad. Todo lo que gira en la familia se transporta a lo social, aunque se piense que desde la sociedad se va influyendo sobre la familia.

Desde la antigüedad, líderes religiosos, filósofos, historiadores han considerado la familia como la base del orden social, el fundamento sobre el que se sustentan las naciones. Casualmente, Cicerón, jurista, político, filósofo, escritor y orador romano, habló de la familia como la “Primera sociedad”, y “Campo de semillas del estado”.

La Declaración Universal de los derechos Humanos, proclamada por las Naciones Unidas en 1948 describe la familia como “La unión natural y fundamental de la Sociedad”.

La familia establece los valores morales y es quien orienta al desarrollo del ser humano. La familia debe, moralmente, proporcionar aspectos como seguridad, protección, socialización y compañía.

Ahora bien, estos conceptos son claros y sin discusión. Sin duda que estamos hablando de las bases de la sociedad que a su vez son la base del hombre en sí como individuo. Dentro de los conceptos que conforman la formación misma del hombre, existe el límite, el orden, la disciplina como ordenador de conducta. El NO también es parte de esa educación, de la misma formación. Ese No, es limitante, es orientador y como dice el citado autor, “Es una corrección al futuro”.

Casualmente, de eso se trata el mayor problema de nuestra sociedad, la cual desde el punto de vista convivencia, se encuentra en crisis y por lo que la realidad nos entrega pareciera ser que nada se hace para retomar el camino normal de la convivencia.

Desde hace unos años, y muy relacionado con la estructura política social del Estado que baja desde los gobernantes, la disciplina, el orden, las pautas de convivencia, el No, pasó a ser la vinculación directa con la negación a la libertad, y por lo contrario pasó a ser el significado erróneo de coartar el deseo de realizar determinada cosa, algo muy asimilable a los tiempos de dictadura, pues el No es sinónimo de disciplina, orden, límite. Pero le dieron el enfoque equivocado ya que los límites y el orden son la base de ordenamiento social, pero en nuestra sociedad se le dio carácter de “Política de Dictadura”.

No se ha pensado en el futuro, pues en la medida que se libró al antojo de la sociedad el ejercicio de la libertad sin límites, ha ocasionado en forma de reflejo un caos, una anarquía donde cada uno hace lo que le plazca sin importar el otro, sin interesar lo más mínimo uno de los principios básicos de la convivencia, el respeto.

Ese No, que debe nacer desde la familia, quedó impreso en la sociedad con lo opuesto, “el dejar hacer, el vale todo”. Desde el seno familiar, no se aplicó el límite, no se ha dado ordenamiento estructural a la conducta, dejando que a libre decisión el accionar en todos los sentidos. Es importante preguntarse entonces dónde está realmente la contención familiar, pues sabemos que no la hay en gran parte.

Asimismo, el Estado debe cumplir el rol de apoyar y proteger a la familia, dentro de los límites de la libertad y el respeto al ciudadano mismo, el estado interviene en forma directa promoviendo políticas y programas que fortalezcan a la familia dando solidez, estabilidad. Eso se logra, desde el Estado, con “Educación, Salud, Seguridad”.

En la educación, una carencia de política en Educación Pública que garantice su desarrollo, capacitación y nivel académico que deje en las bases mismas del individuo una sólida formación. En nuestra sociedad se tiene alto porcentaje de deserción escolar, niveles vergonzosos de conocimientos en el ingreso a la universidad y gran porcentaje de trabajadores de la educación en lugar de maestros de vocación.

En la salud, un alto porcentaje de desnutrición empaña los objetivos de crecimiento y se viene marginando por años una determinada franja de nuestra sociedad. Los ancianos y las personas con discapacidad fueron gastando la suela de sus zapatos recorriendo tribunales por cada derecho de atención, pues debieron y deben estar iniciando amparos para que tengan prestación.

La seguridad, el dilema de siempre. Pero nada ajeno a la real necesidad de educación y salud, pues a mayor pobreza, a mayor incultura, más delito.

El No nace en la familia. El No debes hacer tal cosa. No puedes hacer tal otra. El No como límite y no como se pretende encasillar dentro de la prohibición. Se fueron desvirtuando los conceptos y en el afán de pretender dar sin padecer, se ha llegado a vivir sin códigos de convivencia, sin principios, sin respeto. Eso nace en la familia, eso también nace en el No.

Pero las carencias también fueron expresadas en las líneas de políticas gubernamentales, pues las nuevas generaciones han consumido el desinterés por el cumplimiento. La desobediencia a la ley, a los derechos, la sistemática muestra de incumplimiento al deber también fue un aporte que orientó a la familia al descontrol. Pues con el transcurso del tiempo, la sociedad tomó como guía el comportamiento político y erróneamente la familia lo trasladó a su seno. La base del No mal aplicado está en la desidia del Estado en no asumir sus compromisos y en la familia en no formar bajo principios. Cada vez cuesta más hallar en la misma sociedad una conducta constructiva que mantenga los cimientos de convivencia, es más, hoy día la familia en sus conceptos generales ha perdido su esencia de Institución Familiar. Quizás como producto de los cambios generacionales, la tecnología y las economías globales de consumo que fueron abriendo una gran brecha de comunicación en la familia, donde la unión también se vio alterada por nuevas costumbres, consumos y actividades. Esos cambios se fueron dando en la medida que el Estado no ha cumplido su rol.

Un gobierno debe crear condiciones económicas, sociales, culturales. A mayor demanda de tiempo para sostener una familia, mayor aislamiento de los padres con sus hijos, pues deben estar mayor tiempo fuera de sus hogares y los hijos comienzan a moverse solos. Sin embargo, cuando los hijos tienen las pautas claras de educación, pueden desarrollarse sin problemas aunque estén menos horas con sus padres.

Es elemental la unión de los padres. En la mayoría de los casos, las familias unidas demuestran mayor y mejor desempeño en el estudio y en la conducta social, con mayor responsabilidad y compromiso social. La presencia de ambos padres hace a la formación básica de familia. Es por ello, casualmente y por ejemplo, que las constituciones de parejas homosexuales no son bien vistas en la mayoría de los países como base de la familia y por ende, destrucción en sus bases de la sociedad. La legalización de homosexualidad en matrimonio destruye la esencia de la familia.

Pero por más que el Estado tiene una responsabilidad muy grande en lo referente a los estamentos de la familia, es la familia en sí misma la primera en “Educar”, pues al mismo tiempo será el “Educado” el que podrá estar en condiciones de salir al medio social con los principios y elementos necesarios para imponer en cierta forma al Estado a cumplir con la defensa de la Institución familiar.

El No, nace en la familia, en la educación, poniendo los límites necesarios para formar y no como castigo y prohibición.

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